Nota / advertencia.
Se separaron los conceptos por motivos evaluatorios, me parece que los cuatro
se entrelazan y crean un cuerpo teórico de primer paso para poder generar una
investigación o por lo menos a los sociólogos –que somos muy locos para usar
conceptos– nos gusta complicarnos así la vida.
Conceptos y contextos.
Enseñanza de la historia.
Sebastián Plá
en las primeras líneas de su introducción deja claro que la enseñanza de la historia antes que nada es una acción política,
generando espacios de inclusión y exclusión de las historias –o de cómo se debería de enseñar y qué se puede divulgar–.
En las escuelas, se crea una
diferencia particular de apropiarse de la historia contrario a lo que sucede en
los museos o en la academia. Para Gonzalo de Amézola esto tiene que ver con el código
disciplinar, o sea los ideales, valores, suposiciones y reglamentaciones
que se presentan como discursos legítimos del valor educativo de la Historia.
Más delante De
Amézola retoma el momento en que en Argentina durante la dictadura de
1976-1983, los militares asesorados por pedagogos estaban reestructurando el currículo
en las escuelas para evitar más subversivos que se formaban en las
universidades, en España sucedió lo mismo durante el franquismo. Algunos
autores dirían que más que una acción
política se trata en realidad de otra cara de la violencia, para legitimar
el orden al que esa sociedad llegó se
manipulan los hechos y las formas de divulgar la historia, la acción política se daría justo en el
momento en que se crítica esa visión y se trata de rescatar lo que se dejó en
el olvido, por ejemplo, hace unos días en el Estadio Nacional de Chile, los
asistentes a la final de la Copa América quizás no saben lo que sucedió el 11
de septiembre de 1973, pero Marcos Roitmann Rosenmann lo trae a la memoria, incluso
el nombre del recinto era un recuerdo de esa misma acción política o lo que en
Argentina sucedió y que cambiaron la estatua de Cristóbal Colón para poner la
de Juana Azurduy, una de las comandantes durante el proceso de independencia
del Virreinato del Río de la Plata. Naturalmente estas acciones también tienen
un contexto enmarcado en el tipo de visión que Sudamérica ha tenido los últimos
16 años, en rumbo distinto al caso mexicano.
Discurso histórico escolar.
Plá planteó en su texto tres características básicas: 1) Es un estructura articulada en un contexto determinado con intención consciente o inconsciente.
2) Es un ejercicio de régimen historicidad, o sea, formas
culturales e históricas para relacionar el pasado, presente y futuro dentro de
una escuela. Y 3) La capacidad normativa
y legitimadora de establecerse como verdades únicas y válidas de cómo se debe pensar
el pasado de una sociedad. Asimismo comenta que es incluso una herramienta para poder investigar y entender la
construcción histórica y cultural de significados dentro de la escuela. Es
una posibilidad de extraer los mitos, las historias y los saberes
disciplinarios, así como las políticas educativas para enseñar un régimen de historicidad específico. Un
interesante ejercicio sería retomar lo que comenzó De Amézola y preguntarse ¿qué
tipo de discurso histórico escolar se ha construido en México a partir de las
reformas de 1993 al sistema de educación básica –en las secundarias
concretamente– y el rumbo que se mantuvo pese a la alternancia en el poder en
2001 cuando se modificaron los planes de estudios? y aunque sea más complicado,
¿cuál es la intención/ medidas para revertir ese discurso en este 2015,
concretamente con nosotros, en la primera generación de la especialidad en
enseñanza de la historia de México?
Historias Generales.
Pilar Maestro
encontró que el origen de la historia escolar o del discurso histórico escolar,
está en las llamadas Historias Generales, que son los
primeros intentos de generar no sólo
sentimientos nacionalistas sino una
suerte de entender el devenir de una nación desde el territorio que ocupa
actualmente.
Maestro
considera que esas visiones son imperantes
y se han mantenido acríticas e incluso son ideologizantes, pues resultan
estar en sintonía con los sectores dominantes de una sociedad.
Investigación histórica.
Gonzalo de
Amézola comenta en su texto que una de
las principales crisis de la enseñanza de la historia es que la relación
investigar/enseñar están separadas, por un lado, el discurso que se le enseña a los niños y jóvenes es muy distinto a lo
que los investigadores realizan, eso me recuerda lo comentado por la doctora
Patricia Galeana, a esa idea que tienen algunos
estudiantes de posgrado en dedicarse a investigar sin atreverse a enseñar (palabras
más palabras menos, así lo comentó).
La investigación se ha convertido
entonces en un conocimiento especializado –como la doctora Galeana lo comentó, qué sucedió en tal
lugar a tal hora, sin tomar en cuenta el contexto a niveles macros, sino una
cuestión meramente local– y el discurso
que se enseña en las escuelas es muy distinto, comparó como se generó investigación en Argentina y como se
realizó en México durante el Porfiriato, resaltando
la intencionalidad de crear una memoria única y homogénea que va desde la conquista hasta la
Guerra de Reforma, con la institucionalización de la Revolución, vemos que en
los años 50-60 en México también se modificó la forma en cómo se enseñaba la
historia, dejando al periodo del Porfiriato como un momento a superar. Otra vez
la invitación es a abrir es posibilidad
de entender nuestra historia no como algo único, local, sino como el resultado
de la influencia del exterior sea internacional o regional, asimismo los
aportes que México le ha dado al mundo.
Fuentes:
Fabián, Graciela,
(2008) notas y comentarios sobre el libro
de Gonzalo de Amézola titulado:
Esquizohistoria. La Historia
que se enseña en la escuela, la que preocupa a los historiadores y una
renovación posible de la historia escolar. Libro del Zorzal, Buenos Aires, Argentina, junio de 2015.